Álvaro Conrado Dávila: un año sin poder respirar

Los padres del adolescente Álvaro Conrado Dávila nunca imaginaron que en abril no solo celebrarían el nacimiento de su hijo, sino que conmemorarían su muerte. Doce días después de festejar su decimoquinto cumpleaños, el 20 de abril, Conrado recibió un disparo cuando intentaba auxiliar a los universitarios que estaban siendo atacados por policías tras protestar contra las reformas al seguro social.

Dos días antes, el 18 de abril, un grupo de jóvenes que realizaba un plantón en Camino de Oriente fue agredido física y verbalmente por miembros de la Juventud Sandinista frente a agentes de la Policía Nacional. Estos delitos, que fueron transmitidos por canales independientes, se viralizaron en las redes sociales. Cientos de nicaragüenses de diferentes edades se sintieron indignados al observar el maltrato que sufrieron sus compatriotas. Todos estabas conscientes de que manifestarse es un derecho ciudadano.

Esas imágenes de violencia también impactaron al joven Álvaro Conrado porque a él le molestaban las injusticias. Y con Alvarito se cometieron dos grandes injusticias: primero, herirlo por intentar ayudar a los muchachos que se asfixiaban con los gases lacrimógenos; segundo, negarle la atención médica porque, a su corta edad, fue catalogado como opositor.

Aquel fatídico 20 de abril

En la noche del 19 de abril, Álvaro Conrado les preguntó a sus padres sobre las consecuencias de las reformas al seguro social que el Gobierno de Daniel Ortega recientemente había impuesto. Al comentarle a su progenitor que quería colaborar con los estudiantes, este le advirtió que era muy peligroso. Pero la decisión ya estaba tomada. Al día siguiente, 20 de abril, llegó a las inmediaciones de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) junto a dos amigos.

«Su trabajo en las protestas era entrar a la zona de peligro y pasarles agua y bicarbonato para contrarrestar los efectos de los lacrimógenos», explicó el periodista Ismael López en un reportaje para BBC Mundo. Mientras se desplazaba sigilosamente cerca de Metrocentro, Álvaro Conrado fue herido en el cuello. «Me duele respirar, me duele respirar» fue lo único que expresó cuando algunos jóvenes lo cargaban en busca de asistencia médica. Al principio, lo trasladaron al Hospital Cruz Azul, pero —según su padre, Álvaro Conrado Avendaño— no quisieron atenderlo; posteriormente, fue llevado al Hospital Bautista, donde hicieron todo lo posible para salvarlo, aunque, desafortunadamente, no lo lograron.

«Ya cuando salieron, ellos (los médicos) me dijeron de que ellos hicieron todo lo posible por salvar la vida de mi hijo, pero que, desgraciadamente, cuando él llega al Hospital Bautista, ya él ya llega con mínimas oportunidades de sobrevivir por el hecho de que él se desangra al inicio… Cuando él es herido mortalmente, que lo llevan al Hospital Cruz Azul, que le niegan la atención, no le abren las puertas a él», aseguró Conrado Avendaño.

¿Hubo negligencia médica?

A los días del inicio de la crisis sociopolítica, familiares de los heridos en las protestas denunciaron que sus parientes no eran atendidos en los hospitales públicos por una supuesta orden presidencial.

«La denuncia que nosotros recibimos es que los pacientes llegaban al hospital y los revisaban así, ligeramente, y les daban de alta inmediatamente o los dejaban unas horas y les daban de alta sin haberlos estabilizado, sin haber conocido a profundidad la naturaleza de las lesiones y eso hace que, pues, la población tenga temor de llevar a los heridos a los hospitales públicos», declaró el doctor Carlos Duarte, secretario de la Junta Directiva de la Asociación Médica Nicaragüense, en una entrevista a un medio independiente en junio de 2018.

El galeno del Hospital Bautista que le informó a Conrado Avendaño sobre el deceso de su hijo confirmó que «si a él le hubieran abierto la puerta, le hubieran brindado los servicios básicos, le hubieran puesto sangre… hubiera sobrevivido la operación». El doctor Duarte coincide con ese diagnóstico.

«Si (a) él lo han atendido de primera instancia en el (Hospital) Cruz Azul, probablemente, él no hubiera fallecido. Él tenía un disparo en la cara, que le perforó la tráquea, por eso, él dice en el video: “Me duele respirar”, porque el disparo le perforó la tráquea, entonces, eso era sencillo: ponerle una traqueotomía, que es un procedimiento de tres minutos, no es tardado y es suficiente para que ya, con eso, si no le hacen nada lo demás, ya solo con eso, él ya puede respirar perfectamente bien y no hubiera fallecido», aseveró el especialista.

¿Dónde y quién le disparó?

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en el informe Graves violaciones a los derechos humanos en el marco de las protestas sociales en Nicaragua reportó: «El adolescente Álvaro Conrado, mientras ingresaba agua al predio, fue herido mortalmente en su cuello y cara; varios testigos afirman que francotiradores apostados en el Estadio Nacional Denis Martínez habrían sido los autores de los disparos».

De acuerdo con Álvaro Conrado Avendaño, ese día, «los únicos que estaban asediando a los muchachos eran la Policía y las tropas especiales»; por tanto, él y su familia responsabilizan al Gobierno de Daniel Ortega porque «ellos fueron los que dieron la orden de disparar a la Policía, según lo que hemos visto en los diferentes artículos (periodísticos)».

No hay justicia

Este 20 de abril se cumplió un año de la muerte de Álvaro Conrado Dávila y sus familiares continúan exigiendo justicia. Hace cinco meses, la Fiscalía les notificó que presuntamente estaban investigando a las personas que habían levantado a su hijo. Nadie ha sido detenido. Tampoco tuvieron acceso al expediente médico elaborado por el Hospital Bautista. Les están pidiendo una orden judicial.

«Nosotros vamos a llevar el caso hasta encontrar a los culpables y que esto quede como un ejemplo», afirmó el padre de Alvarito Conrado. Aclara que, si las autoridades nicaragüenses no les responden, acudirán a instancias internacionales.

El niño alegre que se fue para siempre

Con ilusión, Conrado Avendaño recuerda que su hijo era un jovencito alegre y sociable. Su principal cualidad era la generosidad. «Le gustaba ayudar a sus compañeros y la prueba está (en) que él llegó ahí donde estaban los universitarios y él se quedó», relató el padre del primer niño mártir de la insurrección de abril.

Fotografía: Nicaragua Investiga/NI