Lenín Rojas, «el paramédico» de El Chipote al que le arrancaron tres uñas

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Lenin Rojas Contreras nunca imaginó que el 12 de julio de 2018 participaría, por última vez, en una marcha autoconvocada. Antes del estallido de abril, laboraba instalando postes para la Empresa Nicaragüense de Transmisión Eléctrica (Enatrel), pero después lo despidieron. Está casado y tiene cuatro hijos. Vive a unas cuadras de la Universidad Politécnica de Nicaragua, por lo que experimentó de cerca el drama de muchos estudiantes que se atrincheraron en esa casa de estudios.

Gracias a sus conocimientos en primeros auxilios, que obtuvo cuando fue bombero voluntario, pudo asistir a los heridos de las barricadas.

Aquel 12 de julio al finalizar la protesta, la mayoría de manifestantes, que se encontraban por la Centroamérica, decidieron pedir un aventón. Eran las tres y media de la tarde. Una camioneta blanca con carpa verde se detuvo. La suerte estaba echada.

—¿Para dónde va?

—Por el Iván Montenegro

—Deme raid hasta Rubenia

Al pasar por el Hospital Manolo Morales, empezaron a seguirlos varios paramilitares, unos metros más adelante, cerca del Hospital del niño, estaban más de quince patrullas policiales estacionadas al lado derecho. El semáforo se puso en rojo, era un mal presagio de lo que estaba por suceder. Los agentes se bajaron y empezaron a disparar contra la camioneta.

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A Lenín lo bajaron a la fuerza del vehículo. «Me golpearon, me arrastraron ahí en el pavimento. Me dieron culatazos, me subieron a una camioneta de la Policía». En ese momento, un comisionado lo sujetó del cabello y le tomó fotografías. Después, fue trasladado a un microbús de Auxilio Judicial. Al conductor y a otro muchacho los esposaron y tiraron bruscamente en el piso del vehículo policial.

Dos oficiales de Auxilio Judicial comentaron que ya estaban hartas de las marchas de esos «hijos de puta». «Yo las volví a ver y lo que hicieron fue agarrarme y golpearme la cara. Posteriormente, una de ellas me colocó el fusil en el sentido y vine yo y me hice para atrás cuando detonó y no me dio a mí, pero le dio al señor de la camioneta. Le metió el balazo en el glúteo, la nalga, y le salió delante de la pierna. Ahí fue cuando nos trasladaron al Manolo (Morales)», relató.

A las seis de la tarde, lo llevaron del hospital a Auxilio Judicial, conocido como El Chipote.

En Auxilio Judicial, le preguntaron sus datos, le quitaron sus pertenencias: una bandera de Nicaragua y cinco mil córdobas. Con furia, le arrancaron su camiseta azul y blanca, que tenía inscrita la leyenda: «Que se rinda tu madre». Un oficial encapuchado propuso: «Déjenmelos a mí que a estos ahora sí les va a ir bonito», otros comisionado con pasamontañas les amenazó con ir a tirarlos al volcán Masaya. Fue el inicio de una terrible estadía en las cárceles más funestas del país.

Lenín fue remitido a la mazmorra n.° 10. En la noche, lo sacaron para tomarle las huellas digitales y luego fue llevado a una sala donde recibió su primera golpiza. A la una de la mañana, lo devolvieron al calabozo. Dos jóvenes tuvieron que subirlo al camarote porque él no podía moverse. Al día siguiente, 13 de julio, recibió otra paliza.

A las tres de la tarde, fue presentado en los Juzgados. Las autoridades leyeron la acusación preliminar. Su abogada defensora Yonarqui Martínez constató que estaba «bien golpeado».

Lenín Rojas fue acusado de portación de armas y municiones y de elaboración de armas hechizas y bombas. Intentaron acusarlo de asesinato, pero el juez desestimó esa parte de la denuncia. Aunque la Fiscalía solicitó una condena de once años, la pena fue de seis años. A pesar de la reducción, la sentencia continuaba siendo injusta. Él asegura que lo único que hizo fue protestar en una marcha.

La amarga estancia en El Chipote

En El Chipote, los presos políticos estaban divididos por casos. A Lenín y a los otros dos prisioneros los denominaron «caso Hospital del Niño». A veces, los golpeaban uno por uno. En otras ocasiones, a los tres al mismo tiempo. Siempre los maltrataban. La incertidumbre los desesperaba. En cualquier momento, abrían el portón y sacaban a un recluso de forma agresiva.

Al cuarto día, Lenin recibió alimentos, pero no comía porque no podía mover la mandíbula debido a las golpizas. Solo tomaba agua y jugos.

El quinto día lo interrogaron desde las ocho y media de la mañana hasta las nueve de la noche. Con insistencia, le preguntaban quién financiaba las marchas, quién lo obligaba a protestar. Pedían nombres.

—Es voluntario. Ver tantas muertes, tantas detenciones ilegales, me hizo alzar la voz contra el mismo Gobierno.

Lenín trató de explicarles que marchar no es un delito, pero sus captores estaban enfurecidos. Querían que les especificara qué partido político les había pedido ir a las manifestaciones. Como no hubo respuesta, fue torturado.

«Vinieron ellos y, enchachado (esposado), me apostaron la rodilla en la mano y, en un escritorio, me empezaron a arrancar las uñas de la mano izquierda. Me arrancaron tres. A la fecha no crecen», declaró con tristeza. Mientras Lenín narraba lo sucedido, inconscientemente, entrelazó sus dedos para ocultar el signo de la tortura policial. Nunca había experimentado tanto dolor en su vida. Con una tenaza, le extrajeron las uñas de los dedos meñique, anular y medio de la mano izquierda. Pidió misericordia, pero fue en vano, las torturas físicas y psicológicas eran persistentes e incluían amenazas contra su madre.

—Voy a matar a tu familia. La voy a desaparecer.

El maltrato psicológico tenía el propósito de desalentarlos. En las celdas, permanecían desnudos. Cada vez que pedían una pastilla para el dolor, el oficial Carlos se acercaba, abría la ventanilla de la puerta, les solicitaba que se aproximaran y, de repente, les daba un golpe fuerte.

—Aquí está tu pastilla. Dejá de joder.

Lenin relata que uno de los jóvenes que fue detenido junto a él le quemaron la planta de los pies. A otro, de nombre Francisco, lo llevaron a la celda n.° 40, lo metieron en una pila con agua y, por tres días, lo dejaron colgado de las manos. Era “aporreado” cada vez que llegaban los oficiales. Constantemente, los guardias les recordaban que los iban a desaparecer y que no llegarían al Sistema Penitenciario.

Lenin Rojas, preso político de Daniel Ortega, muestra cómo le quedaron sus dedos, luego que policías de “El Chipote” le arrancaran las uñas con unas tenazas hace 8 meses. Foto: Cortesía NI

La Modelo, la sucursal de lo inhumano

El día que llegaron al Sistema Penitenciario Nacional Jorge Navarro, «La Modelo», ubicado en Tipitapa, los desnudaron y los vistieron con el uniforme azul, por el que los llaman los pitufos. Fueron enviados a galerías de máxima seguridad. A Lenín le correspondió la 16-1.

En la galería 16, no podían cantar el himno nacional, refirió Lenín. Si lo hacían, en menos de 20 minutos, se aparecía un funcionario de la correccional, el granadino Vladimir Chávez Chávez, para advertirles que, si rompían el reglamento, «podían utilizar la fuerza» contra ellos.

Eso fue lo que pasó el 31 de diciembre de 2018. Los reos de esas celdas vivieron el peor fin de año de sus vidas.

A medianoche, con orgullo y nostalgia, entonaron el himno nacional y Nicaragua, Nicaragüita. Chávez no soportó que lo desafiaran. Junto a sus oficiales, entró a la galería para golpear a todos los reos. Apuntándolos con AK-47 e intimidados con unos diez perros, era imposible librarse del castigo

Lenín notó que esos oficiales eran altos, fornidos, negros y con acento cubano. «Vos conocés a tu gente». Ellos le expresaron a Chávez que es prohibido que hubiera extranjeros trabajando en La Modelo. Esos hombres siempre tenían una actitud amenazante. Cada vez que ellos llegaban a realizar un recuento o a dejar la comida, había que hacerles reverencia. Esa situación incomodaba a los reclusos.

Luego, —según Lenín Rojas— apareció en escena Venancio Alaniz Ulloa, director de La Modelo, quien alardeaba de que en esa prisión se cumplía lo que él decía, que no tendría problemas en agarrar a balazos a cualquiera y que no tenía miedo porque, de todos modos, el Sistema Penitenciario lo cubría. Siempre portaba una insignia con la bandeja rojinegra.

¿Qué pasó el 19 de febrero?

El 18 de febrero, Emmanuel Largaespada y Alejandro Aráuz Cáceres fueron golpeados y enviados a celdas de castigo. Al día siguiente, las autoridades del Sistema Penitenciario les notificaron a todos los presos de la galería 16 que serían trasladados a la galería 17 con la excusa de que se habían obstruido unas tuberías de aguas residuales. Lenín sabía que era mentira.

Cuando abrieron los portones para iniciar la reubicación, los reos políticos se encontraron con unos 300 efectivos acompañados de la técnica canina. A ellos se les unieron los antimotines, quienes se protegían con escudos. De pronto, los reclusos de la galería 16-2 empezaron a cantar el himno nacional. Lenín estaba a unos seis metros de la entrada de la galería 17-2 cuando los oficiales orteguistas atacaron.

Trece presos de la galería 16-1 resultaron lesionados, entre ellos, Lenin, quien aseguró que les lanzaron gases lacrimógenos, piedras y gas pimienta. Quince reos de la galería 16-2 se intoxicaron. Ellos se defendieron con avena, pinol y jabones.

El jinotegano Johnny Leiva Tinoco, quien no puede mover los brazos por un accidente en motocicleta, fue golpeado por algunos oficiales. Dos celadores, Marlon y Wilson, trataron de impedir que apalearan al joven con discapacidad, pero sus colegas los agredieron, pues quien apoye a los presos políticos se convierte en enemigo del Gobierno.

«Él es impedido de los brazos… A él le dan de comer. Lo baña su papá… Lo golpearon. Lo masacraron al pobre chavalo. Le dieron con la tofa en la parte del ojo, un golpe en el cuello, en la espalda, los brazos», reveló Lenín. Su «delito» fue cantar el himno nacional. Leiva Tinoco, su padre Johnny Leiva Picado y su hermano Greybin Leiva Tinoco fueron apresados por su presunta participación en los tranques de Jinotega.

Humillaciones y tratos denigrantes

Las pocas veces que les permitían tomar el sol en el patio, un funcionario de La Modelo los grababa. Después de veinte o treinta minutos, Alaniz les ordenaba desnudarse y hacer sentadillas sin importarle que algunos reos comunes que trabajaban en el área presenciaran la humillación. Una vez, Lenín le reclamó a Alaniz.

—No les basta con tenernos presos. Todavía tenés que desmoralizarnos más y bajarnos más la dignidad. Desnudándonos nos querés hacer ver como payasos delante de los otros reos comunes.

—La ley aquí se cumple y se hace lo que yo digo.

Además de eso, asegura que en varias ocasiones discutieron con los funcionarios del penal porque, en la comida, encontraban virutas metálicas, excremento de ratón, moscas y cucarachas. De hecho, esta se descomponía en menos de una hora.

Excarcelación

Después de ocho meses y tres días en prisión, Lenín Rojas fue excarcelado el 15 de marzo de 2019. El Ministerio de Gobernación, a través de un comunicado, informó que cincuenta personas recibieron «el beneficio legal de convivencia familiar u otras medidas cautelares». Aunque salió de La Modelo, sigue preso. En su casa es asediado constantemente por simpatizantes sandinistas y la policía, que ya le ha advertido que si regresa a las marchas, será acusado por delitos comunes.

Su funesta estadía en la cárcel lo atormenta. Le quita el sueño y pasa horas y horas despierto tratando de olvidar aquellas terribles experiencias. Ahora, piensa seriamente en tomar una terapia psicológica, aunque antes espera poder atender sus problemas de salud. Tiene la nariz fracturada, el tabique desviado. Le reventaron el tímpano. Traumatismo en el brazo derecho, golpes en la columna, infección en los riñones. La lista de enfermedades parece interminable. Lenín Rojas está buscando apoyo para financiar su tratamiento. Si compra medicamentos, deja sin comer a su familia.

Su situación hace que su esposa esté a cargo de sostener económicamente el hogar. Por ahora, él se encarga de los quehaceres y el cuidado de sus hijos.

Sus ojos nos cuentan sus tristezas. Él carga el trauma de la tortura, el dolor de la injusticia y la nostalgia de una Nicaragua sin derecho a protestar.

Fotos: Cortesía NI 

 

 

3 comentarios sobre “Lenín Rojas, «el paramédico» de El Chipote al que le arrancaron tres uñas

  • el 29/04/2019 a las 1:17 pm
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    Dios de justicia haz que brille tu justicia para esos verdugos y sus cabecilla, pero se que Dios será riguroso.

  • el 29/04/2019 a las 10:47 am
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    de la justicia divina nadie se escapa
    cada daño que hicieron a las personas la pagaran uno por uno.

  • el 29/04/2019 a las 10:27 am
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    Buenos Días Señores.
    De verdad hay que ser un poco más serios, eso es hongos en las uñas.

    Saludos

Comentarios cerrados.