Murillo y Ortega causaron conflictos en las familias, vecinos y amistades

Informe del GIEI destaca discursos que estigmatizaron y crearon un “prototipo” de enemigo que debía “ser borrado”

La familia presidencial de Nicaragua es un reflejo de toda una sociedad: División y odio. Una hija, Zoilamérica, aborrecida y desterrada por su madre y a la vez rechazada por sus hermanos, abusada, según su testimonio por su padrastro, quien a su vez, se confronta públicamente con su hermano, Humberto. Y su más reciente integrante, la exreina de belleza Xiomara Blandino, enfrentada a sus padres y su antiguo círculo de amistades.

Así como tienen a su familia, tienen a Nicaragua

En su reciente informe, la GIEI establece que tanto Daniel Ortega, como Rosario Murillo a través de sus medios de comunicación promovieron el odio y crearon un prototipo de “enemigo” que “debía ser desechado y borrado”, creando un escenario de fuerte división y confrontación, no solo a nivel vecinal y comunal, sino a nivel familiar.

El informe cita varias declaraciones ofrecidas por Ortega y Murillo que dieron lugar a la estigmatización y desprecio contra quienes participaron en las manifestaciones en su contra. El 21 de abril de 2018 por ejemplo, Daniel Ortega dijo: “Siempre habrá una minoría que no estará de acuerdo con el consenso (…) es la minoría queriendo imponer a fuerza su punto de vista, cuando ya entran en líneas de cuestionamientos y actitudes confrontativas y destructivas, ya no es sana entonces la oposición, ya se convierte en un factor de desestabilización”.

Para el GIEI, ese tipo de discursos en lugar de abonar al diálogo y el entendimiento, provocaron fisuras sociales y familiares difíciles de sanar en el corto plazo.

También refieren un discurso de Rosario Murillo: “Son 197 (personas fallecidas), ¡no lo olvidemos ! Ellos los mataron… ¡Que paguen por sus crímenes! Ellos, que apostaron a destruir Nicaragua; ellos, que destruyeron por un tiempo la paz en Nicaragua; ellos, que sembraron odio. ¡Eso es imperdonable! ¡Un pecado capital. ¡No lo olvidamos, ni lo olvidaremos! ¡Justicia!… ¡Qué paguen por sus crímenes!”, expresó una iracunda primera dama.

Rosario Murillo ha emitido varios discursos de odio, enunciando adjetivos estigmatizantes y ofensivos contra quienes le adversan, desde “minúsculos”, hasta “puchitos” o “terroristas con sed de muerte”, ha logrado escalar la confrontación a nivel vecinal y familiar.

Familias que se entregan o se amenazan entre sí

Estos discursos que no encajan con la retórica de verdaderos estadísticas, causaron división en las comunidades, generando confrontaciones vecinales. Simpatizantes sandinistas empezaron a identificar a los opositores y a realizar pintas en sus casas con las palabras “Terroristas, golpistas o “PLOMO”.

“La dirigente de la Juventud Sandinista me llegó a cuestionar porque yo había tratado a su comandante de asesino y que a mi hermano lo mataron por mierda”, dijo a la GIEI un testigo, cuyo caso fue constatado y archivado por el Grupo de Expertos.

“En otro caso, una señora del CPC del barrio dijo a un familiar de víctima fallecida, por su movilización política: “Tu estas fichado por levanta masa”, expresa el informe, que agrega “Hay casos todavía más extremos de personas que tuvieron que huir de Nicaragua para proteger sus vidas de familiares vinculados al gobierno y que les amenazaban: “Llegaron mis [familiares] (…) llegaron a buscarme, y me dijeron que si seguía [movilizándome] iba a terminar muerto. (…) Me dijeron que no les importaba que fuera su familiar, si me veían en algún lugar de conflicto no iban a dudar en actuar”.

En otro testimonio se lee: “Perdí familia, porque lamentablemente tengo familia en el lado del gobierno”.

Como ya señalamos, no ocurrió solo en las familias pobres y humildes. En las “familias de poder o influencia”, también se dio el fenómeno. No es extraño entonces que viéramos por ejemplo a Tania Fonseca Terán, hija de Carlos Fonseca Amador, fundador del FSLN, apoyar a médicos despedidos en un claro gesto que contraviene con la actual cúpula sandinista y la pone en confrontación con su propio hermano, quien apoya fielmente a Daniel Ortega, y si escarbamos hay muchos casos más aún en el anonimato. Las consecuencias del discurso que Ortega y Murillo han diseñado para salvar su poder y su puesto, ha socavado las arterias sociales a puntos insospechados.

Tania Fonseca Terán, claramente está en la acera contraria de su hermano, Carlos Fonseca Terán, y esto se hizo evidente luego que ella respaldara a los médicos despedidos por Ortega, luego de atender heridos antigubernamentales. | Foto: redes

La división y polarización lejos de reducirse, empeora cada día, porque los discursos de quienes se supone deben conducir a la nación a un mejor entendimiento, son los más plagados de epítetos, ofensas y odio ¿ Y en su familia ha calado el odio promovido desde las más altas esferas del poder?