Ni los ticos ni los nicas son como se muestran

La ola migratoria nicaragüense enfrenta al costarricense a un dilema ético y humano. Es fácil convertirse en lo que tanto se critica. Es importante ver a los refugiados desde su condición de seres humanos y en peligro de muerte.

*Por: Jennifer Ortiz| Periodista y productora audiovisual


He ido a Costa Rica un par de veces a visitar a familiares en algunos casos, y en otras a realizar reportajes periodísticos. Debo decir en honor a la verdad, que nunca me sentí discriminada por mi nacionalidad. Que todo tico con el que traté, fue siempre muy cortés y educado. Me admiré del orden establecido, del respeto a las leyes, del desarrollo económico, del auge de la pequeña empresa y el emprendimiento y en general, del desarrollo económico de nuestros vecinos.

En Costa Rica las personas que pasan a tu lado te saludan con amabilidad, aunque no te conozcan. Si me perdía y requería llegar a algún lugar, siempre se esforzaron mucho por ayudarme, por indicarme con detalles para procurar que lograra llegar a mi destino sin problemas. Una vez incluso, fui sorprendida a mitad de camino por una tormenta y una señora me regaló una sombrilla, así sin más. Lo bien que se siente tanta cortesía, da ganas de correr e ir a hacer un favor a otra persona, solo por sentirte igual de útil para los demás.

He visto lo mejor del costarricense y ahora, veo lo peor.

He leído tantos comentarios de odio, tanta gente generalizando, calificando como ladrones, violadores, asesinos, asaltantes a TODO nicaragüense, solo por el hecho de su nacionalidad. He leído invitaciones a matarlos, a lanzarlos a ríos llenos de cocodrilos, a echarles perros Rottweilers para “terminar con ellos”, a acusarlos de todas sus desgracias.

Contrasta enormemente con su slogan de “Pura vida” y con el hecho que es uno de los países con los mejores niveles educativos de Latinoamérica.

Los comentarios que invaden las redes sociales de los principales medios de comunicación costarricenses, parecen decir otra cosa. Las malas palabras, la crueldad con la que amenazan y desprestigian a todos los nicas, lo visceral de los comentarios en los que se imaginan finales horribles para los nicaragüenses refugiados ahí,  me acongojan, me hacen vivir una especie de luto por la imagen que me hice de Costa Rica y su gente. Se parecen tanto a lo que critican.

Algunos dicen que los nicas “somos terroristas”, pero invitan a radicales xenófobos a ir a “volarle balas a los refugiados”, otros aseguran que somos unos vulgares, pero usan las palabras más atroces y los epítetos más obscenos para plasmar sus comentarios, y hay quienes dicen que somos brutos e ignorantes, pero escriben su calificativo con pésima ortografía.

Señoras, señores, es momento de hacernos un examen de consciencia. Yo me indigno, pero no puedo cometer el mismo error, y no voy a generalizar. No todos los ticos  son así, no al menos los que yo he conocido, los que yo he tratado.

El gentil taxista Don Erick, que me llevó a conocer casi todo San José y muy amablemente me contaba la historia de los lugares más emblemáticos de la ciudad, su hermano, el administrador de un pequeño hotel donde me quedé un par de días, nos regalaba panqueques y nos daba consejos sobre cómo estar seguros en la ciudad durante nuestra estadía, Cristina, una increíble psicóloga que siempre tenía una sonrisa contagiosa para ofrecer, en fin, hay tantos nombres y tantos rostros, que jamás podré meter en una sola lista para descalificarles, sería horrible de mi parte, sería inhumano, sería ingrato.

Soy nicaragüense y yo no he violado, asaltado, ni robado a nadie. Lo mismo puedo decir de toda mi familia y de todos mis amigos.  La mayoría de nicaragüenses no somos eso que describen esos horribles comentarios. Es lógico que haya criminales, delincuentes, y todo lo demás, como en todo país, en el suyo igual, pero las acciones de unos cuantos, no nos califican a todos.

 

Abandonar todo en su país es una de las decisiones más difíciles para los nicaragüenses que buscan refugio en Costa Rica| Foto: La Jornada Net

 

Para entender a una persona, hay que conocer su historia

Yo lamento mucho, que haya nicaragüenses que a lo largo de la historia se vieron obligados a migrar. Nuestra sociedad ha tomado muy malas decisiones por tantos años y ha arrastrado las consecuencias por muchas generaciones. Desempleo, pobreza extrema, poco nivel educativo, son algunas de esas caras cuotas que pagamos por endiosar líderes dictatoriales  y por no ser vigilantes del poder político.

Todos esos males se vinculan al orden social, pues al crearse una cultura de sobrevivencia, y no haber leyes para regular esas actividades, nuestra población se ha acostumbrado a la improvisación. Por eso vemos que de pronto una señora saca una mesa y pone un puesto de tortillas, o un señor compra unos discos piratas y empieza a vender en un parque. La informalidad es herencia de la pobreza. No lo justifico, solo lo explico. Lo que pasa en el parque La Merced, es parte de ese problema. No debe continuar, debe ser regulado por las autoridades, pero eso no hace a los nicas indignos de vivir.

Sin duda, es deber de todo migrante ajustarse a la legislación del país al que llega, la comunidad nicaragüense ha fallado en ese sentido, pero es importante que descubran que detrás de esa poca cultura de orden heredada de las guerras, los desastres naturales y los males sociales que ya antes mencioné,  se esconde una razón noble para abandonar la patria;  la principal razón que lleva al nica a migrar es el deseo de superación, de querer cambiar, de querer ser mejor, a veces no sabe cómo hacerlo. No ha tenido referentes en Nicaragua, como afortunadamente sí lo tuvieron los costarricenses que sí lograron cambiar el rumbo de su historia. Y en las circunstancias actuales, la razón es aún más poderosa; salvar su vida y la de los suyos.

El nica que yo conozco es puro corazón, pura entrega. Hay excepciones, como en todo, pero por eso se llaman excepciones, porque componen una minoría.

El nica es una persona luchadora, aguerrida. No le importa levantarse de madrugada, dormir solo un par de horas, hacer más de la cuenta.

Eso se comprueba cuando vemos los trabajos que se le ofrecen al nicaragüense en Costa Rica, el trabajo pesado del campo en los cañaverales, en los cafetales o el extenuante trabajo doméstico o de la construcción.

El nicaragüense no llega a quitar al tico el trabajo de oficina o el trabajo mejor remunerado. Llega dispuesto a empezar de cero y a ir escalón por escalón para cumplir su sueño de progresar.

De acuerdo con la preocupación tica

La ola migratoria que causó la trágica situación de crisis sociopolítica que vive Nicaragua nos enfrenta a remover lo que en realidad somos como seres humanos.

Es lógico que exista preocupación por tanto extranjero que llega a Costa Rica. Representan un costo social muy alto para un país, que de por si, se enfrenta a la necesidad de una reforma fiscal debido a un déficit en las finanzas  públicas que supera los 2 billones de colones, y aunque exista apoyo económico internacional para atender a los refugiados y exista una inmensa red de solidaridad de varios países para garantizar víveres y alimentación a esas personas, siempre la logística tiene implicaciones que el Estado debe asumir.

Justifico la preocupación de los ciudadanos costarricenses en este sentido.  Me parece que el Gobierno de ese país debería abrirse a un debate más fraterno y atento a sus ciudadanos para poder explicarles lo que se está haciendo, cómo se está haciendo y evitar tantas especulaciones y descontento. Quizá la falta de comunicación es lo que más socava la gestión del Presidente Alvarado a pocos meses de iniciado su mandato.

Sin embargo, la actitud del Gobierno de Costa Rica ha sido sencillamente loable, yo agradezco cada voto en la Organización de Estados Americanos, cada declaración de condena y cada abrazo que dan a un refugiado nicaragüense. Las personas que llegan a Costa Rica en estos días, no huyen del país, huyen de la muerte.

Solo quien recibe una llamada amenazando tu vida, diciéndote que van a matar a tus hijos, que saben todo de vos, solo quien es perseguido por protestar contra el gobierno, quien recibe una orden de captura de la nada, quien es perseguido por paramilitares con armamento de guerra, sabe lo que es el miedo.

Paramilitares progubernamentales usan sin ningún tipo de restricciones armamento militar y recorren en camionetas de lujo barrios y carreteras, en lo que ellos llaman “caravanas de la paz”, pero que han sido definidos por el pueblo como “escuadrones de la muerte”.

 

Solo quien ve morir a sus amigos, a sus hermanos, a sus hijos es capaz de despertar el natural sentido de sobrevivencia de todo ser humano y dejar su patria. No es fácil dejar lo que conocés; tu trabajo, tu casa, a los tuyos, para ir a un país desconocido, donde no sabés de qué vas a vivir, y donde además te enfrentás a una increíble discriminación racial.

Un amigo que partió a Costa Rica me escribió hace un momento: “He aprendido a no salir de casa, los vecinos nos señalan y nos miran de mala manera por ser nicas, el odio ha crecido mucho estos días, quisiera regresar a mi país”.

Mi respuesta fue: “Regresar ahora para vos no es una opción, por desgracia en estos momentos hay que elegir el mal menor”.

Cuánto dilema vive un nicaragüense refugiado ¿Qué es mejor, morir a manos de un paramilitar, ser secuestrado por hordas torturadoras del gobierno o perder tu dignidad humana en voz de tanto tico indignado y descontrolado?

Pareciera que la elección no es difícil, pero sinceramente, solo leyendo los comentarios en las redes yo me sentí indigna, sin derecho a vivir, a existir, no imagino estar ahí y sentir el odio de cerca.

Creo que Costa Rica está desbordado y aún así muestra su lado humano y recoge al que necesita asilo, eso no habla de un gobierno inepto, como tanto dicen, habla de un gobierno humanista, de un gobierno decidido y comprometido a ser un país ejemplo para el mundo, pero que para lograrlo se enfrenta a un reto enorme. Sin la ayuda de su población, será imposible.

Veamos como la misma Europa cerró sus fronteras a miles de refugiados Sirios y se inició un debate más ético que político por esta decisión. ¿Se trata de si somos países antes que  humanos? Yo he llorado la muerte de gente que nunca llegué a conocer, solo porque el dolor humano me conmueve. No es posible ser indiferentes al dolor ajeno.

Ahora bien, si los costarricenses no están de acuerdo con la política de abrir sus fronteras a los refugiados, pueden expresarlo, el punto no es que callen, porque todo sentimiento ahora es comprensible, pero expresarlo con respeto es un deber. Respeto de las personas que no somos a como nos describen y respeto por la raza humana que a lo largo de la historia se ha visto enfrentada a grandes males y siempre ha sabido sobrevivir.

La regulación del gobierno a la condición de refugio debe darse, eso no es discutible, todo país lo hace. Que no asilen al que tiene antecedentes penales, que haya coordinación con organismos de derechos humanos nicaragüenses para constatar que quien se asila realmente lo necesita, que haya castigo para quien delinque, eso es algo que en toda sociedad debe suceder.

Y por otro lado, el nicaragüense debe ser agradecido. La gratitud implica ajustarse al orden social establecido en el país en donde se refugia, cumplir las leyes, hacer todo a como corresponde. La gratitud es otra gran virtud humana y el nica debe aprenderla. El estado tico está en su derecho de cumplir su ley en su territorio. Con seguridad debe quizá nombrarse una Comisión de seguimiento a los refugiados, o algún órgano de control. Eso hasta es beneficioso para el asilado, pues no me extrañaría tampoco que paramilitares e infiltrados de Ortega ya estén operando por aquellos lados. Los paramilitares son un problema no solo para Nicaragua, son una amenaza regional.

Por último, debo decir que conocí a muchos empresarios nicaragüenses en Costa Rica, muchos dueños de grandes corporaciones. Jamás ninguno fue mencionado en comentarios de odio. Ni siquiera, Roberto Rivas, el controversial y corrupto ex magistrado del Consejo Supremo Electoral quien tiene mansiones y varias inversiones en el vecino país, nunca vi que se organizara una protesta para expulsar a tan insólito personaje, que hasta fue sancionado por corrupción y malversación de fondos con la Ley Global Magnistky por Estados Unidos. Eso me recuerda una frase que también caló en mi vida: “La gente no es xenófoba, la gente es clasista” ¿Es a todo nica al que desprecian, o es solo al nica pobre?

Costa Rica, gracias por tus brazos de apoyo, en momentos de tanto dolor, siempre es el bien el que pesa más. Los buenos somos más, en todos lados.

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